IN THE GOLD DUST RUSH, de COCTEAU TWINS

DISCO: HEAD OVER HEELS (4AD // octubre de 1983)

Sorprende la facilidad con que se forman las bandas: gente que se conoce de vista por frecuentar locales, o antiguos compañeros de instituto que se encuentran años después compartiendo inquietudes artísticas, la desaparición de una formación anterior que intenta refundarse, las secuelas de una fiesta de cumpleaños, la caza de un componente último, una conversación ocasional en ascensor... en Nash, una discoteca de Grangemouth (Escocia). Allí tuvo lugar la primera conversación entre Robin Guthrie y Will Heggie con la soprano Elizabeth Fraser (Liz para los amigos). Tenían gustos musicales similares, pero como muestra esta canción les unía la predilección por las atmósferas cargadas y al tiempo limpias de sonido, algo que pocos lograban, más allá del uso de la distorsión de las guitarras: Joy Division lo logró, Echo and the Bunnymen a su modo también, Siouxsie and the Banshees es otro ejemplo. En el caso de los Twins, se sirvieron como recurso añadido de melodías compuestas a medias, situadas en las composiciones como si de una fuga se tratase. El paisaje abstracto y cavernoso de la portada refleja el contenido: la exploración exhaustiva de un eco.

WEIGHTLESS AGAIN, de THE HANDSOME FAMILY

DISCO: THROUGH THE TREES (Carrot Top Records // 1998)

El título del disco (con ecos de una novela de Hemingway) no es la única referencia literaria que esconde esta banda de country de Chicago. En la canción que seleccionamos se hace mención a Moby Dick, y lo que es más importante, a la lectura del libro sobre una cama, una lectura distraída de la persona a quien va la canción, ajena a la procesión de pesares que el amante del futuro despliega en esta historia de perdedores con estilo; seres ambulantes y llenos de desamor que se arrojan desde impresionantes puentes o son capaces de abandonarse para encontrar una nueva oportunidad de liberación. Con una melodía que atrapa al oyente en las dos primeras notas, es inevitable no emprender un viaje imaginario hacia el lago (que se presupone helado) rodeado de enormes árboles centenarios visible en la portada.
Descubrí esta canción en una de las contadas ocasiones en que me acerqué a un jukebox genuino de Plano, Texas. Estaba en el interior de una tienda de instrumentos musicales donde hicimos una parada en nuestro periplo a San Antonio. Recuerdo vívidamente cómo introduje el cuarto de dólar, el sonido del interior de la máquina que trazó la moneda como si nunca hubiese entrado una en la ranura, y el CD escogido pasando por el láser. Escuché con atención la canción, abstraído de lo que sucedía a mi alrededor. Luego olvidé el nombre del artista y del tema, pero de vez en cuando seguía recordando esa sintonía. Años después me reencontré con ella en el recopilatorio Loose selections, haciendo de inmejorable apertura, con la sorpresa de escucharla tal como la recordaba, al contrario de lo que suele suceder con las canciones que se conservan parcialmente.

MISUNDERSTOOD, de WILCO

DISCO: BEING THERE (Reprise // octubre de 1996)

Existen dos formas de minimalismo: la que resulta de no utilizar más de lo esencial (recoger en el hueco de la mano un pequeño charco), y la que consiste en concentrar en una mínima expresión todo lo que ha sido explorado (como hacer pasar un torrente caudaloso por un pequeño caño para ver descender un hilo al otro lado). Esta segunda clase es la que se encuentra en el segundo trabajo de los genios de Chicago, un disco repleto de detalles presentados con un difícil y raro equilibrio.
Misunderstood, servida como apertura de este disco, es toda una declaración de intenciones, es como si dijeran: vamos a hacernos grandes, pero a nuestra manera. El viaje podría planearse para expandir horizontes, y finalmente se realiza de manera introspectiva, tomando como material directo los sentimientos encontrados de Jeff Tweedy, lo que supuso un esfuerzo que desembocó en varias rupturas (discográfica, entre miembros de la formación, con sus orígenes musicales) y elevó un aspecto difícil de encontrar: imprevisibilidad.
Ahora que está de moda renegar de Wilco porque es "de modernos", merece la pena adentrarse en los pasos previos a sus singles y éxitos, si es que alguna vez tuvieron de verdad eso que suele llamarse hit comercial (una contradicción, por cierto) y si acaso en algún momento necesitaron cualquier tipo de reivindicación: si una banda es buena, lo es y no pasa nada porque pueda escucharse en los pasillos de un centro comercial, como es el caso de I'll Fight... al contrario, nada más agradable que ejecutar el penoso acto de llenar un carrito de la compra que con una compañía así.

NORTHERN SKIES, de I AM KLOOT

DISCO: SKY AT NIGHT (Shepherd Moon // julio de 2010)

Durante un tiempo pensé que eran escoceses. Desde que presencié su directo, que destacaba por su mesura y tranquilidad en el marco de un festival con promesas de un baile alocado e infinito, he regresado incontables veces a su disco, lleno de composiciones sencillas que envuelven fondos tan agradables como cautivadores.
Selecciono Northern Skies porque tiene una letra increíble, porque no contiene otra cosa que no sea entusiasmo cantado como si fuera desencanto. Porque nos recuerda que ordenar o borrar el pasado es una acción que resiste en el interior de cada honesta reflexión puesta por escrito, que es una de esas cosas en las que todos tomamos parte; como elegir si pasear o no bajo las estrellas y creer o no en el engaño de su destino.
Sigo buscando qué me indujo a pensar que procedían de Escocia. Por cierto, en gaélico escocés, la patria se llama Alba.